

Cuando aparece un conflicto, la pregunta no es solo quién tiene razón, sino qué camino elegimos para resolverlo. En el ámbito profesional —y muy especialmente en la arquitectura, la edificación y la gestión inmobiliaria— esta decisión condiciona el tiempo, el coste, la relación entre las partes y, a menudo, el resultado final.
La vía judicial sigue siendo necesaria en muchos casos, pero no debería ser el primer reflejo. Existen alternativas eficaces que permiten anticiparse al conflicto, ordenarlo y transformarlo en una oportunidad de resolución. La mediación y la conciliación, como medios autocompositivos de resolución de conflictos (MASC), sitúan a las partes en el centro y les permiten conservar el control de la solución.
Un elemento clave es entender que quien inicia el proceso juega con ventaja. Anticiparse no es esquivar el conflicto, sino decidir cómo se gestionará. Incorporar cláusulas de mediación o de conciliación en los contratos profesionales no es un detalle formal, sino una decisión estratégica que evita desequilibrios y reduce la incertidumbre cuando aparecen discrepancias.
El arbitraje, aunque es un medio alternativo a la vía judicial, responde a una lógica distinta. La decisión es vinculante y recae en un tercero. Es una buena herramienta en determinados contextos, pero no permite el mismo margen de construcción conjunta que ofrecen la mediación o la conciliación. Por ello, cada vez es más habitual optar por cláusulas escalonadas que priorizan primero los mecanismos autocompositivos antes de llegar a soluciones impuestas.
Más allá del instrumento jurídico, la mediación aporta una mirada relacional imprescindible. Escuchar no es esperar el turno de palabra, sino comprender los intereses reales que hay detrás de las posiciones. Cuando los acuerdos no parten de este reconocimiento, difícilmente se cumplen. En cambio, cuando las partes participan activamente en la construcción de la solución, los acuerdos son más sólidos y duraderos.
Entender el conflicto como una oportunidad no es ingenuidad, sino profesionalidad. Gestionarlo con criterio, ética y metodología es hoy una competencia clave. Para el arquitecto mediador, la mediación no es una alternativa menor, sino una herramienta central para acompañar procesos complejos, preservar relaciones y aportar valor real a la sociedad.

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